PAULO ACOSTA

“Para mí pintar es, en esencia, un oficio personal de exploración visual, así que pinto los temas que realmente me mueven las entrañas. Para mí es una cuestión gruesamente pasional. Aunque mi tema principal es la figura humana, me alegra mucho poder darme un espacio alternativo para explorar otros temas que me mueven. El campo siempre ha sido muy cercano para mí, pues prácticamente crecí en una finca. Lo que se vive en la infancia marca y queda presente para siempre en el subconsciente. Me fluye sangre finquera por las venas y es allí donde me siento realmente en casa. La Sabana de Bogotá la llevo en el corazón.

 

Este año, a raíz de la cuarentena estricta que vivimos todos, me mudé por unos meses a la finca de mi familia en Tenjo. Me llevé mi taller para allá y, estando tan cerca de la naturaleza y de las vacas lecheras, comencé a interesarme visualmente en ellas y a pintarlas. Al principio me interesaron mucho los patrones blancos y negros característicos de las Holstein, pues se fundían como manchas abstractas dentro del paisaje. Así concebí mis pinturas, se leen las vacas y el paisaje, pero también puede ser una composición indefinida. Fue un laboratorio creativo para mí, pues me propuse experimentar con elementos visuales nuevos. El resultado son estas pinturas semiabstractas de vacas en el campo que tienen una cierta vibración, porque no son estáticas.

 

La visión del mundo limitada y definida es muy aburrida, no habla de nuestra naturaleza cambiante y contradictoria. Tal vez no me basta con una imagen fiel a la realidad y por eso la filtro con manchas, transparencias, colores, errores y grandes contrastes que al final, para mí, son los que componen una imagen vital”.